Ah, lo más seguro es que reescriba el relato complementario que estaba haciendo con Ángel (el de hace tres entradas), así que tendréis que esperar un poquito más.
[Edit] Ya está el texto bien (nota mental: revisa lo que subes).
Nocturna
La luna es un ópalo pálido, dama solitaria es una emperatriz
que lo observa todo desde su trono.
Impasible ante los cambios que ocurren en el mundo, juega caprichosa con
las mareas, alterándolo todo con su juego de sombras.
Su reino es frío y desolado. La marea ponzoñosa ha ido cubriendo sus estrellas, dejándola a ella sola, varada en el amplio mar que se extiende allá donde mires.
Suaves formas rompen la uniformidad del firmamento. Son la sangre de los que ya no están aquí, el fuego que descargará su furia contra la tierra devastada eliminando el rastro de lo que acontece en la tierra de los mortales. Son la destrucción pero también la creación, dejando asomar la nueva vida en la aparente pureza que crean.
Su reino es frío y desolado. La marea ponzoñosa ha ido cubriendo sus estrellas, dejándola a ella sola, varada en el amplio mar que se extiende allá donde mires.
Suaves formas rompen la uniformidad del firmamento. Son la sangre de los que ya no están aquí, el fuego que descargará su furia contra la tierra devastada eliminando el rastro de lo que acontece en la tierra de los mortales. Son la destrucción pero también la creación, dejando asomar la nueva vida en la aparente pureza que crean.
Sobre la tierra, las menos afortunadas danzan sinuosas entre
los cuerpos marchitos que se estiran tratando de cazar las estrellas. Bajo sus
pies se huelen los retazos de una tragedia pasada, aquella que forzó el cambio
abrupto de los habitantes de esa tierra.
Más allá del bosque de cadáveres se extiende una llanura de terciopelo negro. Las cenizas quedan atrás y las largas briznas danzan bajo la caprichosa dirección del viento. Una colina aparece tímida entre los macizos que brillan con los reflejos violetas y azules de la vida que aún está por nacer.
Más allá del bosque de cadáveres se extiende una llanura de terciopelo negro. Las cenizas quedan atrás y las largas briznas danzan bajo la caprichosa dirección del viento. Una colina aparece tímida entre los macizos que brillan con los reflejos violetas y azules de la vida que aún está por nacer.
Y detrás acaba el reino. Un páramo gris en el que
descansan oscuras culebras da la
bienvenida a la urbe. Un brillo fantasmal rodea la mole de cemento y cristal
que la forma y su aire, tan distinto al de más allá de la colina, ha disuelto
cualquier prado que hubiese ahí antes.
Los altos edificios miran al cielo. No imploran perdón, sino que desafían al firmamento a descargar su furia sobre ellos.
En sus calles todo se pierde y se reencuentra. La vida vibra bajo el fulgor de la luz artificial. En la ciudad, la noche no es territorio desconocido.
Los altos edificios miran al cielo. No imploran perdón, sino que desafían al firmamento a descargar su furia sobre ellos.
En sus calles todo se pierde y se reencuentra. La vida vibra bajo el fulgor de la luz artificial. En la ciudad, la noche no es territorio desconocido.
El hombre ha derrotado sus miedos. Las tinieblas están lejos
de su hogar y la noche ya no es tiempo de miedo.
Ha apagado las estrellas y ha creado las suyas propias. Ha desterrado todo el misterio y lo ha ocultado, no sólo en el mundo fuera de las lindes de su territorio, sino también en lo más profundo del corazón de sus habitantes. Y este misterio ha fermentado en corazones heridos, ha pasado a ser miedo y luego, peligro. El hombre desterró a las tinieblas pero creó a las suyas propias.
Ha apagado las estrellas y ha creado las suyas propias. Ha desterrado todo el misterio y lo ha ocultado, no sólo en el mundo fuera de las lindes de su territorio, sino también en lo más profundo del corazón de sus habitantes. Y este misterio ha fermentado en corazones heridos, ha pasado a ser miedo y luego, peligro. El hombre desterró a las tinieblas pero creó a las suyas propias.
Pero el hombre no lo sabe. Para él, el sol es el amo del día
y él el emperador de la noche. Iluso, es incapaz de ver que está destinado a su
autodestrucción y que la dama plateada nunca ha dejado de ser la emperatriz de
nocturna.
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