¡Hola! Tanto si has llegado aquí por casualidad como si sabes perfectamente a lo que vienes, estás invitado a leer el blog y comentar.
En este blog os encontrareis con algunos proyectos y relatos de un intento de escritora (una servidora), mi evolución como escritora, que espero sea positiva, y algunas cosas aleatorias de las que vea la necesidad de compartir.
Espero que os guste, y recordad que las opiniones sinceras se agradecen.

jueves, 1 de marzo de 2012

Relato - Nocturna

Debido a los exámenes estoy hasta arriba y apenas puedo escribir, ni siquiera para el blog. Pero hoy, como no quiero que esto decaiga mucho (porque preveo que hasta el domingo o por ahí no tendréis más noticias mías), os traigo un pequeño relato. Lo escribí hace ya y lo subí al DA pero me apetece ponerlo aquí también.
Ah, lo más seguro es que reescriba el relato complementario que estaba haciendo con Ángel (el de hace tres entradas), así que tendréis que esperar un poquito más.
[Edit] Ya está el texto bien (nota mental: revisa lo que subes).

Nocturna

La luna es un ópalo pálido, dama solitaria es una emperatriz que lo observa todo desde su trono.  Impasible ante los cambios que ocurren en el mundo, juega caprichosa con las mareas, alterándolo todo con su juego de sombras.
Su reino es frío y desolado. La marea ponzoñosa ha ido cubriendo sus estrellas, dejándola a ella sola, varada en el amplio mar que se extiende allá donde mires.
Suaves formas rompen la uniformidad del firmamento. Son la sangre de los que ya no están aquí, el fuego que descargará su furia contra la tierra devastada eliminando el rastro de lo que acontece en la tierra de los mortales. Son la destrucción pero también la creación, dejando asomar la nueva vida en la aparente pureza que crean.

Sobre la tierra, las menos afortunadas danzan sinuosas entre los cuerpos marchitos que se estiran tratando de cazar las estrellas. Bajo sus pies se huelen los retazos de una tragedia pasada, aquella que forzó el cambio abrupto de los habitantes de esa tierra.
Más allá del bosque de cadáveres se extiende una llanura de terciopelo negro. Las cenizas quedan atrás y las largas briznas danzan bajo la caprichosa dirección del viento. Una colina aparece tímida entre los macizos que brillan con los reflejos violetas y azules de la vida que aún está por nacer.

Y detrás acaba el reino. Un páramo gris en el que descansan  oscuras culebras da la bienvenida a la urbe. Un brillo fantasmal rodea la mole de cemento y cristal que la forma y su aire, tan distinto al de más allá de la colina, ha disuelto cualquier prado que hubiese ahí antes.
Los altos edificios miran al cielo. No imploran perdón, sino que desafían al firmamento a descargar su furia sobre ellos.
En sus calles todo se pierde y se reencuentra. La vida vibra bajo el fulgor de la luz artificial. En la ciudad, la noche no es territorio desconocido.

El hombre ha derrotado sus miedos. Las tinieblas están lejos de su hogar y la noche ya no es tiempo de miedo.
Ha apagado las estrellas y ha creado las suyas propias. Ha desterrado todo el misterio y lo ha ocultado, no sólo en el mundo fuera de las lindes de su territorio, sino también en lo más profundo del corazón de sus habitantes. Y este misterio ha fermentado en corazones heridos, ha pasado a ser miedo y luego, peligro. El hombre desterró a las tinieblas pero creó a las suyas propias.

Pero el hombre no lo sabe. Para él, el sol es el amo del día y él el emperador de la noche. Iluso, es incapaz de ver que está destinado a su autodestrucción y que la dama plateada nunca ha dejado de ser la emperatriz de nocturna.

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